voces desiertas

Publicado el 23 de Julio, 2008, 21:20

la rama

como esas ramas secas
y finitas, debilitadas
por el frío y la falta de luz
como la gota de lluvia
que sin buscarlo resbala
inevitable
y golpea con fuerza
contra la tierra

como las ramas secas
o esa gota de lluvia
quebrarme y dejarme
caer, de un solo golpe,
una sola vez, hasta alcanzar
el fondo del fondo
si lo hubiera

Paula Aramburu, junio 2008.

Publicado el 20 de Julio, 2008, 16:24

 Ayer estuve en el Festival de Poesía Latinoamericana Salida al mar, encuentro organizado desde 2004 por Cristian de Nápoli, en el que participan poetas de tonos muy diversos, diría que heterogéneos a más no poder, provenientes de  Colombia, Paraguay, Chile, Uruguay y Argentina. Anoche, además de volver a escucharla a mi querida Juana Bignozzi, tuve la oportunidad de escuchar y descubrir a una poeta colombiana que me deslumbró: Andrea Cote Botero. Aquí les dejo un  poema de Juana y otro de Andrea para que los disfruten. Y esta tarde, a las 19:00 hs lee Sebastián Villar Rojas (compañero mío del taller de Alma Maritano hasta el 2001) y a las 20:00 hs estará Verónica Laurino, gran poeta rosarina, además de "amiga de letras". 

Mi gloriosa juventud

"He decidido quedarme indefinidamente
existe este dolor suave casi cansancio
yo repito tu nombre como quien dice
tengo sed o es muy tarde
nada se rompe nada se detiene
los que mueren los que se preparan a morir
las cosas que no fueron dichas en su momento
los infinitos caminos del dolor
la resignación que se instala en la vida de los que amo.
Cuando me ahogo
recorro acompasadamente
algunos de los infinitos caminos que llevan a la locura
mi vida a través de él mi vida sin él
mi vida cercada por los que amo."

Juana Bignozzi, Mujer de cierto orden (1967), en La ley tu ley, AH editora, Bs. As., 2000.

* * *

Puerto quebrado

"Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado,
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.

Si supieras
que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre
y que es como nosotros
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan."

Andrea Cote Botero (Barrancabermeja, 1981), Puerto Calcinado, Universidad Externado de Colombia, 2003 (edición agotada, material extraído de internet). Con este libro obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven de la Universidad Externado de Colombia, y en 2005 el Premio Mundial de Poesía Joven "Puentes de Struga", otorgado por la Unesco y el Festival de Poesía de Macedonia. Es colaboradoradora del Festival Internacional de Poesía de Medellín. 

Publicado el 17 de Julio, 2008, 20:37

Gustav Klimt - El árbol de la vida

Gustav Klimt - El árbol de la vida

"Si puedo dejarte ir como los árboles dejan ir
sus hojas, tan naturalmente, una por una;
si puedo llegar a saber lo que ellos saben,
que la caída es alivio, es consumación,
entonces el miedo al tiempo y a la fruta incierta
no perturbaría los grandes cielos lúcidos,
este otoño extrañísimo, dulce y severo.
Si puedo soportar lo oscuro con los ojos abiertos
y llamarlo estacional, no áspero o extraño
(porque también el amor necesita un tiempo de descanso),
y como un árbol estarme quieta ante los cambios,
perder lo que se pierda para guardar lo que se pueda,
la extraña raíz todavía viva bajo la nieve,
el amor resistirá -si puedo dejarte ir".

May Sarton (1912, Wondelgem, Bélgica - 1996, Maine, USA), en Revista Abyssinia, dirigida por María Negroni y Jorge Monteleone, Eudeba, Bs. As., 1999.
Traducción de Diana Bellessi. 

Publicado el 16 de Julio, 2008, 15:22

   Hoy quisiera estar en un lugar así. No necesitar nada más. (Trinidad del mar, Cuba - foto by peetosga).

"Después de dos horas de inmovilidad bajo el sol, sin hacer nada, sólo mirar siempre el mismo mar: entonces mi cabeza ya no sabe qué hacer, no sabe preferir un pensamiento u otro y retenerlo. Todos los que llegan flotan en el mismo nivel. Aparecen y desaparecen: desechos sobre el mar. Han perdido el aspecto y el sentido que se les reconocía de costumbre mientras conservan sus formas de una manera a la vez absurda e inolvidable.

El pensamiento de mi persona es frío y lejano. Está en alguna parte fuera de mí, apacible y entorpecido como una cosa entre todas las que están bajo el sol. Soy una cierta forma en la que han vaciado una historia que no es mía. La llevo con esta seriedad y esta indiferencia con la que uno se hace cargo de lo que no le pertenece. Sin embrago podría existir un acontecimiento que fuera tan mío que yo lo habitaría por entero. Entonces me remitiría a mis derrotas, a mi insignificancia o aun a este instante. Pero antes, inútil intentarlo.

(...) ¿Qué es saber o ignorar algo? ¿Cuál es la lección de ese saber para desentrañar lo que me sucede frente a este vacío que se eleva ante mis ojos en olas cada vez más grandes, con una claridad cada vez más devoradora?"

Marguerite Duras, La vida tranquila, Noguer, Barcelona, diciembre 1990. Traducción de Juana Bignozzi.

Publicado el 12 de Julio, 2008, 20:48

   Vuelvo de Buenos Aires con las ganas renovadas. Ayer por la mañana, taller de poesía con Claudia: hicimos una exhaustiva corrección de los poemas de El abandono (en dos encuentros pudimos corregir los veintidos poemas que llevo escritos, pero hay más por venir); al mediodía pasé por la editorial; por la tardecita estuve en la presentación de las revistas Ventizca (invierno 2008) y Vocal 4 (qué cosas interesantes que hacen!!); y a la noche, cena en la casa de una de mis amigas del alma,  amigas desde la adolescencia, de toda la vida. Me reencontré con gente que aprecio, que quiero mucho y que hacía un tiempo que no veía, personas que me hacen bien (tanto como mis amigos "de acá", no se pongan celosos!) con quienes puedo compartir lo que soy (sea lo que eso sea) y lo que hago, personas que tienen la capacidad de renovar mi energía, la condensan en un punto preciso para luego dejarla fluir en distintas direcciones. Me hace feliz haberme quedado, no perderme estas cosas, revalorizar lo bueno que tengo cerca, repensar lo importante, lo que quiero de aquí en más.

Poema XXI

esta noche asistiré
a mi útlima muestra:
trece esculturas, sólo trece

aunque siempre quise un traje rojo carmesí
me vestirán con un traje de sea azul oscuro,
un sombrero de plumas y frutas,
y colorete para resaltar mis mejillas blancas

me empolvarán la nariz
el cuello, los pómulos
me atarán los cordones de los botines negros
y una amplia capa envolverá mi cuerpo;
guantes de cuero y piel
protegerán mis manos de la intemperie

como a una muñeca de porcelana
frágil y decadente
me sentarán frente a ellos
y me harán prometerles que seré
una buena niña: sí, hoy me portaré bien,
mantendré bien cerrada la boca
y nunca más reiré a carcajadas

afuera, nadie en las calles
hace frío
comienza a nevar

Paula Aramburu, mayo 2008

Imagen: Maurice Utrillo - Le lapin agile sous la neige

Publicado el 7 de Julio, 2008, 21:57

the white chair by linda plaisted

The white chair (by Linda Plaisted)

Argumentos de arena

"No deberíamos amar nada que pase.
Nada que nos mate un poco
cuando sus signos mueran.

Es decir, nada que ría.
Nada que tiemble o se conmueva.
Nada que florezca para luego marchitarse,
de buenas a primeras.

Nada vivo, si apuramos conclusiones:
Duele tanto ver cómo lo que amamos
se deshace en nuestras manos vencido por el tiempo.

Es más,
no deberíamos amar, si lo pensamos.

Pero no lo pensemos.
Hoy no, al menos"

* * *

Inercias

"A solas te preguntas
qué vas a soñar después,
cuando la demora te ate a las sillas
-abrazo de enredadera-
y en los bolsillos duerma el vapor
de los cuerpos y las velas y los trenes
que no fueron.

¿Dónde
ese preservar nos librará de huir,
para avanzar como si fueran ciertos
el placer, el sumar
                   y no, la pérdida?"

Raquel Garzón (Córdoba, 1970) en Poetas Argentinas (1961-1980), Ediciones del Dock, Bs. As., 2007.

Publicado el 5 de Julio, 2008, 16:08

   Hace unos días en el blog de Ana (ana-lafragua.blogspot.com), y a raíz del poema Grafito de Claudia Masin, que a su vez hizo que Laura Alonso evocara su poema El hueco en la tela, fueron surgiendo comentarios y reflexiones sobre la relación madre-hija, relación compleja, ambivalente y determinante de la vida de cualquier sujeto, pero sobre todo, de la hija. Justo cuando leía estos poemas y comentarios en La fragua, estaba leyendo Casi la luna, de Alice Sebold, que terminé anoche. Una novela muy dura, cruda, sin vueltas, en la que la protagonista cuenta en 1era. persona cómo mata a su madre de 88 años que sufre de cáncer de colon desde hace varios años. Todo el libro es un ida y venida entre las 24 horas posteriores al crimen (tiempo actual) y los recuerdos de la protagonista de la relación con su ex-pareja, sus hijas, su nieta, su padre y su madre. Por otro lado, pero creo que no al margen, el viernes viajo a Buenos Aires para entregar en la editorial la primera corrección del print de la tesina (que antes de fin de año se convertirá en libro), y que justamente es una investigación sobre el matricidio (pero no el de mi madre, quédense tranquilos!). Perece que nuestras madres nos hacen hablar. Y escribir. Por suerte eso. 

"Sabía de las limitaciones de mi madre porque también yo las llevaba... Entonces me di cuenta de algo que intuía desde hacía años pero no había sido capaz de nombrar: que yo había nacido para ser su representante en el mundo y llevar ese mundo a casa, ya fuera con manualidades de papel pinocho hechas en los primeros años de escuela o enfrentándome a un grupo de hombres enfurecidos en nuestro jardín. Lo haría todo por ella. Aquel era nuestro acuerdo tácito particular, la forma en que esta niña servía a su madre. (...) No me planteaba qué me estaba sucediendo. Había empezado a perseguir a mi marido como alguna vez había perseguido a mi madre, intentando estar a su altura, una niña sombra que se esforzaba por ser lo que creía que ellos querían que fuera."

Alice Sebold, Casi la luna, Mondadori, mayo 2008. Pgs. 106/ 215.

   

Publicado el 28 de Junio, 2008, 13:32

   Gracias a un mail de Vero, el jueves a última hora me enteré que nuestra querida Margaret, con total justicia, ganó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Los otros finalistas eran el escritor albanés Ismail Kadaré, el británico Ian McEwan y el español Juan Goytisolo. Pero finalmente el jurado se decidió por Margaret por su "espléndida obra literaria que ha explorado diferentes géneros con agudeza e ironía, y porque ella asume inteligentemente la tradición clásica, defiende la dignidad de las mujeres y denuncia situaciones de injusticia social". Ecologista, feminista, novelista y poeta, es considerada uno de los máximos exponentes de la literatura canadiense y de la narrativa actual: "ofrece en sus novelas su visión comprometida y crítica del mundo y la sociedad contemporáneos, mientras revela una extraordinaria sensibilidad en su abundante producción poética , género que cultiva con maestría". Ha publicado La mujer comestible (1969), Resurgir (1972), Doña Oráculo (1976), Life before man (1980), Ojo de gato (1988) y La novia ladrona (1993).

Para celebrar, les dejo aquí otro de sus magníficos poemas:

Una pintura de una localización en el plano  

"Es un viaje sin fin
a la vista, y sin fin
después de todo; este lugar
es sólo un oasis

que puedes ver como temporal,
una estancia de una noche,
si quedarnos te pone nervioso.

No tenemos nada que hacer
aparte de lo que se necesita
para seguir adelante con la vida:
comemos, bebemos, nos acostamos
juntos; si quieres más,
puedes admirar el cielo,
sereno como la noche antes de una guerra,
unos pocos árboles secos
y el vacío del desierto

adonde mañana saldremos de nuevo
para dejar nuestro rastro en la arena
que el viento cubrirá lo bastante deprisa
junto con los huesos
que no podemos evitar.

Podrías estar triste porque no hay más,
o feliz porque hay
al menos esto.

El sol calienta demasiado, el agua es mala,
la comida es mínima, y todavía
creo en el libre albedrío:

el banquete que comemos
en esta neblina dorada de polvo
es un animal muerto
o una bendición

o las dos cosas. Toma tu vida en tus manos,
mira cómo corre entre tus dedos
como arena o tu propia sangre
hacia la tierra que pisas

que está cubierta con piedras y está clara
y nublada y si fin como el cielo.

Ahora sabes dónde estás."

Margaret Atwood, Luna nueva, Icaria Poesía, Barcelona, febrero 2000. Traducción: Luis Marigómez Marugán.

Imagen: Sueños del desierto - Stephan Bulan (Francia)

Por piaramburu, en: General

Publicado el 20 de Junio, 2008, 14:37

maurice utrillo - la place des abesses sur la niege

Maurice Utrillo - La Place des Abbesses sur la niege

faltan pocas semanas
para que comience el invierno
los días se acortan
la luz se consume, las lluvias
darán paso a una leve nevisca
y la tierra helada, muy pronto
entumecerá la punta de mis dedos

no me gustan las largas
noches del invierno
el encierro, el temor
amenazando desde sueños hostiles,
demasiado reales quizás
para no ser ciertos

mañana por la mañana
quisiera estar sola
al abrir los ojos,
dejarme llevar por la luz del día
y la opacidad de las formas

Paula Aramburu, mayo 2008

Publicado el 14 de Junio, 2008, 16:21

gota en la hoja

La mudanza (2005)

"Hay un amor al extravío en todas las personas extraviadas,
a la larga uno levanta su casa donde resulta que ha caído:
arena, agua, barro, tierra firme. ¿Pero y si resultara
posible la mudanza, si el movimiento
no fuera una explosión que de improviso
transporta las moléculas de un cuerpo
de un lugar a otro lugar, si el movimiento fuera
desprenderse como se desprende una gota de una rama,
si fuera algo así de lento, así
de irreversible?"

Claudia Masin, La mudanza en Poetas Argentinas (1961-1980), Selección y prólogo de Andi Nachon, Ediciones del Dock, Bs. As., 2007.

Publicado el 13 de Junio, 2008, 19:18

   "Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, volver a encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible, terrible de superar. Creo que la persona que escribe no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritra seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido. (...) Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es también no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separacíón del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado.

Un libro abierto también es la noche."

Marguerite Duras, Escribir, Tusquets Editores, Barcelona, 2000. Pgs.  22, 30 y 31.

Publicado el 11 de Junio, 2008, 18:04

camino vacío

La casa natal

IV

"Y otra vez.
Era de noche aún. El agua silenciosa
fluía sobre el suelo negro,
y comprendí que no tenía como tarea
sino recordar, y reía.
Me agachaba, tomaba del barro
una brazada de ramas y hojas,
y alzaba esa masa que se deslizaba
en mis brazos cruzados contra mi corazón.
Qué hacer de esa leña donde de tanta ausencia
subía sin embargo el rumor del color,
poco importa, yo iba de prisa, buscando
al menos un cobertizo, bajo esa carga
de ramas que tenían por todas partes
ángulos, punzadas, puntas, gritos.

Y voces, que arrojaban sombras en el camino,
donde me llamaban, y yo me volvía,
corazón precipitado, sobre el camino vacío".

Yves Bonnefoy, La casa natal en Tarea de esperanza, Ed. Pre-textos, España, 2007. Traducción de Arturo Carrera.

* * *

"Otra vez.
Aún era de noche. Se deslizaba el agua
en silencio por el suelo negro,
y yo sabía que mi única tarea
sería recordar, y me reía,
me agachaba, cogía de entre el barro
una brazada de hojas y de ramas,
alzaba aquella masa, chorreante,
apretando los brazos contra mi corazón.
Qué hacer de aquella leña en que de tanta ausencia
subía sin embargo el ruido del color,
importa poco, yo iba con prisa, en busca
de un porche al menos, bajo aquella carga
de ramas que tenían por todas partes
ángulos, prominencias, puntas, gritos.

Y voces, que proyectaban sombras en el camino,
o me llamaban, y yo me volvía,
precipitado el corazón, al camino vacío".

Yves Bonnefoy, La casa natal en Las tablas curvas, Ediciones Hiperión, Madrid, 2003. Traudcción de Jesús Muñárriz.

Publicado el 7 de Junio, 2008, 13:33

   "Qué ha ganado y qué ha perdido tu escritura tras la muerte de Raymond Carver?

   Tras la muerte de Ray me quedé vacía, en el silencio más absoluto.No era capaz de expresar nada. Asique me fui muy paciente y acepte la situación. Esperé. Me pasé las noches viendo películas, sintiéndome totalmente vacía. No escribí nada en esoso seis meses./ Poco a poco empecé a percibir la acumulación de ciertas imágenes. Sabía también que para concentrarme en ellas tendría que encerrarme en mí misma, evitar todo tipo de compromiso social. Asi que dejé mis clases en la Universidad de Siracusa. Necesitaba encontrar la forma de expresar algo que sentía por primera vez, algo totalmente distinto./ Ese silencio del que te hablaba fue muy productivo porque estos poemas (Tess Gallagher se refiere aquí a los poemas que componen el libro El puente que cruza la luna), cuando surgieron, lo hicieron con una vibración especial (...) cuando vuelvo a releerlos, me doy cuenta que van más allá de lo que me veía capaz de hacer. Me resultan extraños en mi propia voz./ Es como si hubiera atravesado un umbral en ambas direcciones, como si se produjera un ensanchamiento del espacio, una interpenetración de espacios. Y sentía la gran fertilidad de ese espacio. A veces más de la que podía soportar. Una potencialidad creativa que me superaba.

   Sentiste eso al poco tiempo de su muerte?

   Si, tras la muerte de Ray, me asaltaban recuerdos como jabalinas, cuando menos me lo esperaba. De ahí surgen los poemas./ Me preguntabas también por lo que había perdido mi escritura tras la muerte de Ray. Pues muchas cosas compartidas con él, tanto en el arte como en la vida. Aquella delicia de ir corriendo a la habitación de al lado con un cheque y decirle "Mira ésto!". El también lo hacía. Apreciaba lo que yo hacía, le divertían las cosas que yo hacía y lo mismo me pasaba a mí con él. Eso ya no va a volver. La casa está muy silenciosa, sólo se oyen mis pasos, mis pensamientos, mis idas y venidas por ella. Pero, como ya dije, Ray se me hizo presente tras su muerte, de algún modo sentí su conciencia en mí. Eso es lo que trato de reflejar en estos poemas. Aquella vez una mariposa nocturna se vino hacia mí en el baño. Fue como una caricia de la vida, pero también me hizo estremecer con la fuerza de un presagio".

Tess Gallagher, Carver y yo, Bartleby Editores, Madrid, 2007. Extracto de una entrevista realizada por Gabrielle Idlet. Selección y traducción de Jaime Priede.

Publicado el 3 de Junio, 2008, 22:05

blue nude - picasso

Blue nude - Picasso

frente al viejo espejo de mi madre
poso en cuclillas, doblada sobre mí misma
la cabeza oculta entre mis brazos
la espalda tersa y elongada como un lienzo de seda
las piernas apenas separadas
la fuerza de cada músculo
la marca feroz de vértebras y huesos

frente al viejo espejo de mi madre
poso en cuclillas, doblada sobre mí misma
como una pequeña oruga
una lombriz que cava su lugar bajo la tierra

Paula Aramburu, mayo 2008.

Publicado el 1 de Junio, 2008, 21:28

miro

Joan Miró

Punto de destino

"Tuvimos apenas unos pocos días, pero fueron muy largos.
La luz cambiaba constantemente.
Unos pocos días, repartidos en varios años,
en el curso de una década.

Y cada encuentro se cargó de una sensación de exactitud,
como si cada uno hubiera viajado, por su cuenta,
una gran distancia; como si hubiera habido,
después de todo, un punto de destino
en todos esos años de errancia.
No un lugar, sino un cuerpo, una voz.

Unos pocos días. Intensidad
a la que nunca se le permitió convertirse
en tolerancia o afecto aletargado.

Y durante años creí que esto era una absoluta maravilla;
en mi cabeza, volvía una y otra vez a esos días,
convencida de que eran el centro de mi vida amorosa.

Los días eran muy largos, como son largos ahora.
Y los intervalos, las separaciones, puro embeleso,
teñidas por una suerte de júbilo apasionado que parecía,
de alguna manera, extender esos días, inseparable de ellos.
Así que unas pocas horas podían ser toda una vida.

Unas pocas horas, un mundo que no se ampliaba ni se reducía,
al que, en cualquier momento, era posible entrar-

Por eso, mucho después del fin podía volver a él sin problemas,
vivir casi por completo en mi imaginación".

Louise Glück (New York, 1943). Este poema pertence a su libro Las siete edades, que la editorial Pre-textos publicará este año en España. Lo tomé del Diario de Poesía Nº 76 - mayo a agosto de 2008, Bs. As./ Rosario. La traducción -excelente- es de Mirta Rosenberg.

Publicado el 28 de Mayo, 2008, 23:17

   Disculpen la insistencia con esta escritora canadiense, pero realmente me gusta tanto que no puedo evitarlo. Vuelvo una y otra vez a sus poemas, y cada vez la disfruto más. Y conste que aún no empecé a leer Desorden moral editado por Bruguera hace unos meses, y que llegó a nuestras librerías hace poco. Seguramente, habrá más...                                  

                                                                                                          

                                                                                                         

La taza blanca

"Qué puedo ofrecerte?, mis manos se extienden abiertas,
vacías excepto por mis manos.

No hay nada que temer,
no necesitas mi bendición.

En cuanto a las palomas y los cedros
que se desvanecen al atardecer y emergen por la mañana temprano
pueden seguir adelante puede
que incluso mejor sin mí pendiente de ellos.

Al volver de una larga enfermedad
puedes ver cómo la taza blanca, los berros
del porche, todo brilla
no flagrantemente como ocurría durante la fiebre
sino sólo del modo en que ocurre.

Esto es lo único que quería darte,
este brillo tranquilo
que es un constante entrar
un ir hacia."

Margaret Atwood (Ottawa, 1939), La taza blanca, en Luna nueva, Icaria Poesía, Barcelona, febrero, 2000.  

Publicado el 24 de Mayo, 2008, 19:14

   "Estoy en una habitación sin ventanas que se abran ni puertas que se cierren, algo que puede parecer un manicomio, pero que en realidad no es más que una habitación, la habitación en que una vez más me siento a escribirte, otra carta más, otra hoja de papel, sorda, muda y ciega. Cuando termine la tiraré al aire y por así decirlo desaparecerá, pero el aire no opinará lo mismo.

   Estoy escuchando tus preguntas. La razón de que no las conteste es que de ninguna manera son preguntas. ¿Hay respuesta a una piedra o al sol? "¿Para qué es esto?", preguntas, a lo que sólo se puede contestar diciendo que no todos somos utilitarios. "¿Quién eres en realidad?" es la pregunta que hace el gusano de la manzana mientras la atraviesa. Un corazón roído puede ser el centro, pero, ¿es la realidad?

   En cuanto a mí, tal vez no sea más que el espacio entre tu mano derecha y tu mano izquierda cuando colocas las manos en mis hombros. Mantengo tu mano derecha y tu mano izquierda separadas, a través de mí también se tocan. Se parece al silencio, que también es un sonido. Yo soy el tiempo que tardas en pensarlo. Entras en mi tiempo, sales de él, yo no puedo entrar ni salir, ¿por qué preguntarme? Tú sabes cómo es y yo no. Los espejos no sirven para nada.

   Pregúntame en cambio quién eres tú: cuando entras en esta habitación por la puerta que no está, no es a mí a quien veo, sino a tí."

Margaret Atwood (este texto lo descubrí y tomé del blog El Boomeran(g), en donde pueden encontrar otros dos relatos de Margaret Atwood también magníficos: http://www.elboomeran.com/nuevo-contenido/57/relatos-de-margaret-atwood/. Hay un link directo desde este blog. Gracias! 

Publicado el 22 de Mayo, 2008, 16:02

   "Me caigo de sueño. Caigo en el sueño, y si caigo, es por efecto del sueño. Como me caigo de cansancio. Como me caigo de aburrimiento. Como me caigo de angustia. Como caigo, en general. El sueño resume todas esas caídas, las reúne. Se anuncia y se emblematiza bajo la enseña de la caída, del descenso más o menos rápido o del hundimiento, del desfallecimiento. (...) Todos los durmientes caen en el mismo, idéntico y uniforme sueño. Pues este consiste precisamente en no diferenciarse. Por eso le conviene la noche, con la oscuridad y, asimismo, el silencio. Al igual, además, que una necesaria apatía: es menester que duerman las pasiones, los dolores o las alegrías y que también descanse el deseo, y el contacto mismo o el perfume de la cama, de sus sábanas y del compañero o la compañera, si los hay, con el cual uno/a duerme. (...) El dormir juntos no abre otra cosa que la posibilidad de penetrar en lo más íntimo del otro, a saber, justamente en su sueño. El sueño dichoso y lánguido de los amantes que se hunden juntos en él prolonga su espasmo amoroso en un largo suspenso, en un punto culminante mantenido hasta los límites de la disolución y la desaparición de su propio acuerdo: mezclados, sus cuerpos se desenredan insidiosamente, por muy entrelazados que puedan permanecer en ocasiones hasta el final del dormir, hasta el momento en que redescubran la alegría como si hubiera sido renovada a causa de su olvido... El dormir juntos equivale a compartir una inercia, una fuerza igual que mantiene juntos los dos cuerpos en su navegación como dos barcas estrechas que se alejan hacia la misma alta mar, el mismo horizonte sustraído una y otra vez y siempre en unas brumas que, en su indistinción, no permiten separar el alba del crepúsculo...".

Jean-Luc Nancy, Tumba de sueño, Amorrortu Editores, Bs. As., octubre 2007.

Imagen: Gente en la noche, de Joan Miró.

Por piaramburu, en: Ensayos

Publicado el 17 de Mayo, 2008, 16:38

   Tess Gallagher escribe El puente que cruza la luna en 1992, luego de la muerte de su marido, el escritor Raymond Carver. Sus poemas son íntimos y desgarrados. Su intuición sobre la vida y la muerte, sobre la soledad de existir, son de una lucidez que nos deja sin aliento. Algunos breves, otros más extensos, unos muy simples y transparentes, otros extrañamente complicados, nos invitan a descubrir no sólo un aspecto de la relación de Tess y Raymond, sino a la vez, a una escritora poco común.

Tess Gallagher nació en 1943 en Port Angeles. Es poeta, narradora, guionista, traductora, y también escribe ensayos. Ha publicado varios libros de poemas, pero el único que ha sido traducido al castellano es éste, publicado por Bartleby Editores en España. 

Habitación infinita

"Habiendo perdido el futuro con él,
estoy dispuesta a amar a quienes
no me ofrezcan futuro -la forma
que tiene el corazón de extraviarse
en el tiempo-. El me lo dio todo, hasta
el útlimo y jaspeado instante, pero no como un exceso,
sino como si un propósito oculto fuese
una fuente junto al camino
a la que pudiera acercar mis labios y saciarme
de recuerdos. Ahora el amor en una habitación
puede hacer que me pierda con suma facilidad,
como una niña que hubiese de volver deprisa a casa
ya de noche, y tuviera miedo de
encontrarla vacía. O sólo miedo.

Dime otra vez que esto va a durar
lo que dure. Quiero ser
frágil y verdadera, como quien prolonga
el momneto con su muerte intacta,
con su corazón, demasiado sabio,
limpio de los desechos que llamamos esperanza.

Sólo entonces podré volver a visitar al último superviviente
y saber, con la alborotada exacatitud
de una ventana rota, lo que quería decir,
con todo el tiempo ido,
cuando decía: "Te quiero".

Y ahora ofréceme de nuevo
lo que pensabas que no era nada".

El puente que cruza la luna, Tess Gallagher, Bartleby Editores, Madrid, 2006.
Traducción: Eduardo Moga.

Imagen: Das fliegende Kamel, de Quint Buchholz.

Publicado el 15 de Mayo, 2008, 19:27

Maurice Utrillo

Maurice Utrillo

día tras día
veo a través de mi ventana
cómo los árboles se van desprendiendo
de sus hojas resecas, inertes

no hay humo ni cenizas
en las bocas de las chimeneas
pero sé que muy pronto comenzarán
a arder los primeros leños

no hay pájaros ni truenos
en el cielo, sólo las voces
de una pareja y de una mujer, sola
que habla en dialecto con su perro
un débil rayo de luz
proyecta la sombra de sus cuerpos
sobre las calles anchas, desiertas

al final del camino, una iglesia
y sus campanas dando las siete
las ocho, las nueve
el tiempo que pasa
días tras día, golpe
tras golpe, atraviesa
estas gruesas paredes,
mis oídos, agrieta mi cuerpo
congela mis manos, y no hay nada
nada que pueda hacer para detenerlo

no hay pan ni vino
en esta casa, sólo tengo
una mesa vacía, el maullido
de mis gatos hambrientos,
mis pequeñas esculturas
resplandeciendo bajo la luz
de las velas, y esta cruz
a punto de caer
sobre mi espalda

Paula Aramburu, 14/05/08