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una vez sólo una vez vi sonreir a mi madre eran las tres de la tarde de un día de verano el sol entraba por la ventana del comedor le iluminaba el cabello, la cara allí estaba, de pie junto al ama de llaves doblando sábanas blancas, uniendo un extremo con el otro primero en dos, en cuatro, en ocho, hacía pequeños rectángulos lisos como las aguas de un río calmo sólo aquella tarde vi esa sonrisa en los ojos de mi madre pero nunca pude saber qué pensaba por qué reía mi madre mientras plegaba aquellas sábanas blancas
Paula Aramburu, mayo 2008
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