voces desiertas

Publicado el 31 de Marzo, 2009, 15:31


   "Cuando Eva mencionó las tres cartas, desconocidas para mí, con un tono apasionado y acusador, me acordé de la cajita de palo de rosa. Había sido mía, me la había obsequiado Lajos para mi decimosexto cumpleaños, pero un día Vilma me pidió que se la regalara. Lo hice de mala gana. Entonces, todavía no conocía la verdadera naturaleza de Lajos, ni tampoco mis sentimientos hacia él. Vilma insistió tanto, que al final le regalé la cajita, de mala gana, pero sin oponer resistencia, probablemente aburrida de sus súplicas. Vilma tenía la costumbre de perdirme todas mis pertenencias: mis vestidos, mis libros, mis partituras, todo lo que ella consideraba importante o significativo a mis ojos. Así que me pidió también la cajita de palo de rosa. Al principio protesté pero acabé cansándome y se la entregué. Tuve que hacerlo simplemente porque ella era la más fuerte de las dos. Más adelante, cuando empecé a intuir algunos detalles sobre Lajos y sobre mí, algunos aspectos de nuestra relación, le pedí con desesperación que me la devolviera; pero Vilma me mintió, diciendo que la había extraviado. Aquella cajita con incrustaciones de palo de rosa, forrada de terciopelo rojo y que desprendía un fuerte perfume embriagador ha sido el único regalo que yo he recibido de Lajos en toda mi vida. El anillo nunca lo consideré un auténtico regalo. La cajita desapareció de mi vida. Y fue a reaparecer, al cabo de varias décadas, a través de las palabras de Eva, con un contenido muy peculiar: con las tres cartas de Lajos en las que, justo antes de su boda, me suplicaba que huyera con él, que lo salvara."

Sándor Márai, La herencia de Eszter, Salamandra, Barcelona, mayo 2008.